Las fotos de mi familia son lo más privado que tengo en digital, y las tenía en casa de otro. Este año las saqué de Google y las llevé a un servidor en mi casa, con la misma comodidad de siempre: el móvil las sube solo, buscas «playa» y aparece la playa. Y de paso, una IA local me separó 12.000 memes y capturas de WhatsApp de las fotos de verdad. Sin borrar ni una: eso sigue siendo cosa mía.
Voy a empezar confesando algo: Google Fotos es un gran producto. Buscas «tarta de cumpleaños» y aparece la tarta, reconoce a tu suegra en una foto de hace diez años, y todo sin que muevas un dedo. No escribo esto porque sea malo. Escribo esto porque un día me hice una pregunta incómoda: ¿qué es lo más privado que tengo en digital? La respuesta fueron las fotos de mis hijos. Y estaban en casa de otro.
En casa de otro, con las condiciones de otro, y con el contador de otro: cuando el espacio gratis se acaba (y se acaba), la conversación pasa a ser «paga la cuota o ve pensando qué borras». De tus recuerdos. Ahí decidí que las fotos de mi familia iban a vivir donde vive mi familia: en casa.
Immich es un programa de código abierto que hace lo mismo que Google Fotos, pero en un servidor tuyo. Y cuando digo lo mismo, es lo mismo que usa mi familia a diario:
La diferencia no está en lo que ves, está en lo que no ves: todo eso (las caras, la búsqueda, el mapa) lo calcula una máquina en mi casa, no un centro de datos en otro continente. Los originales duermen en un disco con copias automáticas, y desde fuera de casa se entra por una conexión cifrada, sin abrir la puerta a nadie. ¿El hardware que hace la magia de la inteligencia artificial? Una tarjeta gráfica de segunda mano que costó lo que una cena para dos.
De todo lo que hace Immich, esta es la función que me cambió la relación con mis fotos. El servidor detecta las caras que aparecen en la biblioteca y agrupa por su cuenta todas las fotos de la misma persona. Tú entras una vez, pones el nombre, y a partir de ahí pinchas en esa cara y tienes delante su vida entera ordenada por fechas.
Suena a truco de feria hasta que lo usas de verdad. Buscar «las fotos del abuelo con los niños» dejó de ser rebuscar por fechas aproximadas y pasó a ser dos clics. Montar el vídeo de un cumpleaños con fotos de todos los años se hace en una tarde en vez de en un mes. Y cuando alguien de la familia te pide «las fotos que tengas mías», la respuesta tarda un minuto.
Pero hay algo que me importa más que la comodidad, y es que esas caras se identifican en mi servidor. Un modelo corriendo en mi casa mira las fotos, saca los rasgos y decide que dos caras son la misma persona. Los nombres los pongo yo y no salen de ahí. Poner nombre y apellidos a las caras de tus hijos es de las cosas más delicadas que puedes hacer con tus datos, y prefiero que ese trabajo lo haga una máquina que está a tres metros de mí.
Esta es la parte que no había visto venir. Tener identificadas a las personas no sirve solo para buscar: sirve para regalar. Puedes darle a tu hermana, de una sentada, todas las fotos que tienes de ella en veinte años. No las que recuerdas, todas. Y a tus padres, todas las de sus nietos. Eso antes era imposible por trabajo, no por falta de ganas.
Y hay un segundo salto, que es el que me tiene dándole vueltas. Las herramientas de inteligencia artificial que montan vídeos y collages ya funcionan razonablemente bien, pero todas tienen el mismo problema: lo caro nunca fue montar el vídeo, era reunir las fotos correctas. Cuando la biblioteca está agrupada por persona y ordenada por fecha, eso deja de ser un problema y el encargo se convierte en una frase:
Cada uno de esos encargos, hecho a mano, es un fin de semana rebuscando en carpetas. Con las fotos ya agrupadas, la selección son dos clics y el montaje lo hace la máquina mientras haces otra cosa. La imagen que abre esta sección salió justo así: le pedí al servidor cinco fotos concretas y las montó un script en un minuto.
Aviso honesto, que si no esto parece un anuncio: la parte del vídeo automático todavía no la tengo montada en casa, es lo siguiente que quiero probar. Pero el trabajo pesado, que es tener la biblioteca ordenada y saber quién sale en cada foto, ya está hecho. Lo demás es ponerle encima la herramienta que toque.
Y fíjate en el patrón, porque es el mismo que me encuentro en las empresas: el valor no estaba en la herramienta de IA, estaba en tener el conjunto bien ordenado para poder usarla. Sin eso, la mejor herramienta del mundo no tiene con qué trabajar.
Más adelante vas a ver que esta función además es la red de seguridad de toda la limpieza que cuento luego. No es un adorno: es lo que me permitió dejar que una IA tocara 74.000 fotos sin miedo.
Migrar las fotos fue lo fácil. Lo duro fue mirar lo que había dentro. Entre el carrete de varios móviles, tarjetas de cámaras viejas y sobre todo los backups de WhatsApp de años, junté más de 74.000 imágenes. Y quien haya abierto la carpeta de WhatsApp sabe lo que hay ahí: por cada foto real de tus hijos, diez memes, tarjetas de «buenos días familia», capturas de conversaciones y carteles reenviados mil veces. Mi línea de tiempo era inservible: entre las fotos del bautizo, el meme del lunes.
Revisar eso a mano, a un segundo por foto, son más de veinte horas sin parpadear. Llevaba años diciéndome «un día lo ordeno». No lo iba a hacer nunca, y lo sabía.
Aquí entra la parte que me dedico a hacer para empresas, aplicada a mi propia casa. Le di a una IA (corriendo en ese mismo servidor, sin enviar ni una foto fuera) dos descripciones: qué aspecto tiene la basura (capturas de pantalla, memes con texto, documentos fotografiados, tarjetas de felicitación) y qué aspecto tiene una foto de verdad (gente, niños, celebraciones, paisajes, comida, mascotas). Con eso, la máquina repasó las 74.000 imágenes en menos de una hora.
Y ahora la decisión más importante de todo el montaje, la misma regla que aplico en los proyectos de digitalización de mis clientes: la máquina propone y la persona dispone. La IA no borró ni una sola foto. Lo único que hizo fue apartar las sospechosas en un álbum de revisión. Luego yo, con un café, fui pasando ese álbum y borrando con mi propio dedo.
Y aquí es donde el reconocimiento de caras del que hablaba antes deja de ser una comodidad y se convierte en la pieza clave: si en una foto apartada aparece una cara conocida (alguien de la familia, con su nombre puesto), la foto sale del álbum de basura automáticamente. Sin esa red no me habría atrevido a dejar que un modelo revisara 74.000 fotos de mi familia. Prefiero mil memes supervivientes antes que una foto del abuelo borrada por error.
¿El resultado? Casi 12.000 imágenes apartadas: una de cada cinco no era una foto de familia. Memes, capturas, recibos, carteles y fotos movidas, localizados por la máquina y despachados por mí en un par de tardes. La tarea imposible por volumen se convirtió en la tarea de un fin de semana.
Decírtelo también es mi trabajo. Montar esto pide un servidor encendido en casa, algo de afición (o alguien que te lo deje montado) y una disciplina innegociable: copias de seguridad. Cuando las fotos están en tu casa, el responsable de que no se pierdan eres tú; en mi caso duermen en discos preparados para fallos y con copia fuera de casa, y de eso escribiré otro día con calma. Si no estás dispuesto a cuidar ese pedazo, Google sigue siendo mejor sitio para tus fotos que un disco duro solitario en un cajón.
Porque es exactamente el mismo principio que monto para negocios: tus datos en tu casa, la IA trabajando para ti sin que nada salga fuera, y las decisiones importantes siempre en manos de una persona. Lo que aquí son fotos de familia, en una empresa son expedientes, facturas y clientes. La versión de ese argumento para tu negocio la tienes en cómo usar ChatGPT en la empresa sin regalar tus datos, y si te pica la curiosidad técnica de este montaje (los scripts, los números, los umbrales), está contada con todo el detalle en la ficha de ingeniería: orden en 74.000 fotos de familia.
¿Tienes en tu empresa un «cajón de 74.000 fotos» en versión documentos, y años diciéndote «un día lo ordeno»? Eso tiene arreglo, y no pasa por regalar tus datos: IA privada para empresas, o cuéntamelo y lo vemos.
Escrito en agosto de 2026. Immich está en desarrollo muy activo y las cosas mejoran cada mes; los detalles concretos pueden haber cambiado cuando leas esto.
Sí: Immich, un programa de código abierto que hace lo mismo pero en un servidor tuyo. La app del móvil sube las fotos sola, reconoce las caras y las agrupa, busca en lenguaje natural («playa al atardecer») y coloca las fotos en un mapa por su GPS. La diferencia es que todo eso lo calcula una máquina en tu casa, no un centro de datos de otro.
Menos de lo que parece: un servidor en casa y, para la parte de inteligencia artificial (caras, búsqueda por texto), una tarjeta gráfica de segunda mano que costó lo que una cena para dos. Los originales duermen en un disco con copias automáticas y desde fuera se entra por una conexión cifrada.
Con una IA local a la que le das dos descripciones: qué aspecto tiene la basura (memes, capturas, documentos fotografiados) y qué aspecto tiene una foto de verdad (gente, celebraciones, paisajes). Con eso repasó mis 74.000 imágenes en menos de una hora y las separó para revisar. Borrar, no borró ni una: esa decisión sigue siendo humana.